Yo me encontraba sentada en la banca de alguna plaza en alguna ciudad, encendí un cigarrillo y perdí mi mirada al horizonte, las hojas de los arboles danzaban, el aire helado me abrazaba, el sonido y la amargura del señor que barría la calle, el vagabundo que charlaba consigo mismo en voz alta, las gotas que chocaban en el suelo de la sucia fuente que lanzaba agua, las voces que se mezclaban y toda esa gente que pasaba, deprisa, lento, devil, pausado, riendo, seduciendo, comiendo chatarra, cargando algo. Dieron las 12 pm y las campanas de una iglesia resonaron rápido y fuertemente, hicieron huir a los pajarillos que posaban en aquel lugar. El sonido del aire comenzaba a escucharse con mas claridad, las personas se alejaban poco a poco y yo, yo seguía en el mismo sitio en el que había estado toda la tarde, en esa banca con la mirada perdida al horizonte, cuando de pronto sentí que alguien tocaba mi hombro, mi ser regreso al mundo, mis ojos miraban ahora a aquella chica que me miraba pacíficamente y me ofrecía un cigarrillo, se sentó a mi lado, yo no tenia nada que decir y ella solo fumaba y me miraba, así que no cruzamos ninguna palabra. Luego de un rato la chica extraña saco una servilleta, escribió algo rápidamente y me acerco el mensaje: ¿por que estas triste? pregunto, y respondí a aquel juego de palabras en la servilleta: no estoy triste, le respondí vagamente. Después de aquella conversación con letras se acabo la tinta, yo saque de entre mi morral una pluma y se la ofrecí, el juego se tornaba interesante, yo llevaba varias horas sin hablar con alguien y nadie se había acercado a mi, me dijo que yo parecía triste y le inspiraba mucha confianza, también me dijo que era sordomuda. y que estaba estudiando sola en aquella ciudad. Yo no pude decir mucho, sentí una extraña sensación algo lindo, algo natural, un lenguaje puro, donde hablaban las miradas, y que partir de esa noche comenzaba. Nos seguimos viendo después de aquel día, recuerdo que charlábamos en mensajes de texto. Ella fue la chica de las servilletas, la chica que me devolvía la mirada. Quizá ella había estado observándome de la misma forma en la que yo observaba aquel lugar, quizá también se encontraba sola en una banca, quizá por algo traía yo una pluma en mi morral, quizá por algo llega cada persona a nuestra vida.
Solo pasando a saludar y leer un rato :) estamos en contacto, si quieres puedes seguir igual mi blog, aunque el contenido siempre ha sido un poco mas plastico :P
ResponderEliminarLa capital del Ego.
Hey chico, gracias por pasarte por estos rumbos tan privados que tengo..con gusto te sigo, es bueno saber de y leer de todo..:)
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